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Modernidad líquida, sociedad líquida, empresa liquida

Sociedad liquida

Hablamos del cambio continuo y acelerado

El concepto de “Modernidad líquida” expuesto por el sociólogo Zygmunt Bauman, referido a la forma de vida en la que el cambio es predominante sobre otras consideraciones, es cada día más fuerte y más actual, en todos los contextos de la vida y como no podía ser menos, en el ámbito de las empresas.

La filosofía de vida, los valores, la ética y la moral van modificándose en el tiempo, se van sucediendo los cambios políticos y sociales y con ello se va transformando la realidad: la realidad líquida, cambiante, vida líquida, amor líquido, tiempos líquidos, además de cambiantes llenos de incertidumbre.

La sociedad actual se rige en el individualismo, en una forma de vivir en constante cambio y una sensación de caducidad en todos sus frentes, efímera. El concepto VUCA se ha apoderado de todo (volátil, incierto, complejo y ambigüo).

En las empresas desde hace tiempo, por no decir desde siempre -ahora acelerado-, se comienzan a vislumbrar los cambios en los roles de las personas, los empleos cambian porque cambian las empresas y las necesidades de éstas, y ello conlleva la necesidad de cambio en los trabajadores, renovaciones dentro de las empresas, cada poco tiempo, cada día más.

Esto conlleva la necesidad de cambio en los trabajadores, la volatilidad de los puestos, la necesidad de disponer de capacidad de poder trabajar en diferentes puestos o áreas. Las necesidades de las empresas cambian, las personas que integran éstas deben responder a esos cambios: personas volubles, con capacidad de reinventarse, de viajar y desplazarse si es necesario, de que lo den todo, aunque puedan ser desplazados.

Pero todo ello pone en entredicho las bases de la educación tradicional, ha perdido credibilidad, ya no funciona para estos nuevos términos. La educación que reciben los jóvenes debe conducir a disponer de herramientas necesarias para que éstos puedan encontrar puestos de trabajo y puedan encajar en ellos.

Lo productos duraderos ya no son importantes, prima lo efímero y nuevo, para sorprender a los consumidores. El consumismo ya no gira en torno a la satisfacción de deseos, gira entorno a la incitación del deseo de deseos siempre nuevos. En la realidad líquida lo importante no es conservar los objetos, si no renovarlos continuamente para contentar el espíritu consumista.

En medio de un mundo sólido, estar viviendo una realidad líquida, produce ansiedad. Esto unido a la necesidad de relacionarse, nos lleva a una falta de compromiso, por miedo a perder la libertad.

Todo es líquido y la posibilidad de perderlo todo es más que probable -por no decir seguro-; la vida líquida es una sucesión de nuevos comienzos con breves e indolores finales.

Debemos aprender a vivir de este modo, como debemos acostumbrarnos a vivir en un mundo sobresaturado de información. Debemos preparar a las próximas generaciones para vivir en este nuevo mundo.

La realidad líquida angustia a las personas porque carecen de algo fijo y duradero. Cuanto antes nos acostumbremos a ello, mejor lo llevaremos. Y todo esto sin pesimismo, tomando conciencia de que es así y que cuanto antes lo asumamos antes podremos darle la vuelta y convertirlo en oportunidades, no en amenazas.

Demos la bienvenida a las empresas líquidas.

  

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